No, no me doy golpes de pecho maldiciendo la hora en que se conquisto a mi pueblo, ni hago sacrificios en nombre de Tlaloc, ni tengo nada en contra de las formas que se usaron para quitarnos lo que nos quitaron, ni encontra de nadie, simplemente me gusta el poema.
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Del mar los vieron llegar
mis hermanos emplumados,
eran los hombres barbados
de la profecia esperada.
Se oyó la voz del monarca
de que el dios había llegado
y les abrimos la puerta
por temor a lo ignorado.
Iban montados en bestias
como demonios del mal
iban con fuego en las manos
y cubiertos de metal.
Solo el valor de unos cuantos
les opuso resistencia
y al mirar correr la sangre
se llenaron de verguenza. Porque los dioses no comen
ni gozan con lo robado
y cuando nos dimos cuenta
ya todo estaba acabado.
En ese error entregamos
la grandeza del pasado
y en ese error nos quedamos
300 años esclavos.
*Fragmento Amparo Ochoa / La Maldición de la Malinche*
“El conquistador a fuerza de cuidar su conquista, se vuelve esclavo de lo que conquisto…es decir: que jodiendo, se jodio”
Facundo Cabral, argentino
Buen día de la raza